Educación, oportunidad de nuevos paradigmas

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Por: Dr. Orlando Litta.

          Cuando hablamos de paradigmas interpretamos que los mismos son patrones o modelos a seguir. En el campo de la educación en general y específicamente en el del sistema educativo, entiendo que el coronavirus nos impone la obligación de pensar nuevas líneas de técnicas y procedimientos para llevar a la práctica el “día después” de la pandemia.

           Bien digo el “día después”, puesto que este tránsito de la pandemia coloca a la educación escolarizada en un escenario en el que le resulta imposible lograr sus objetivos de manera uniforme, tal como se caracteriza el sistema. No obstante, esta situación brinda la oportunidad de reflexionar aspectos que pueden ayudar a mejorar ostensiblemente la educación.    

             Cabe interrogarnos si “el traslado de la escuela a casa” que vivimos, constituye un ejemplo o grafica un cuadro de desescolarización. No nos engañemos, la respuesta es no. Estamos viviendo una época de llevar la  escuela a casa que de ninguna manera significa desescolarizar ya que esta posibilidad de propuesta educativa siempre es voluntaria a través de las decisiones de los padres, pero también es un error considerar que estamos mudando la escuela a la casa dado que el marco áulico escolar es irrepetible e imposible de figurarlo en el hogar. Pretender obtener resultados positivos masivos en las condiciones actuales, a través de una educación virtual no presencial es una falacia; ello así en razón de que si aún no hemos podido desarrollar una escuela con dispositivos tecnológicos acordes a los tiempos que vive el mundo hoy, ya sea en cantidad y conectividad, es ilusoria aquella pretensión.     

             Abona a profundizar el problema que muchos hogares no cuentan con las herramientas tecnológicas suficientes, verbigracia computadoras e impresoras. A lo que debemos adicionar que muchos docentes no están preparados en una alfabetización digital, o sea no poseen habilidad para localizar, organizar y evaluar información utilizando tecnología digital.

            Es un panorama complicado que expone y ahonda las brechas existentes entre los alumnos de las diferentes escuelas, amén que todas están enlatadas en un sistema anacrónico. Probablemente el ciclo lectivo se perderá, sin perjuicio que los alumnos con más recursos económicos y apoyo familiar puedan aprovechar esta crisis, no solo cumpliendo con las “exigencias curriculares” que sus escuelas le transportan a sus casas, sino que también pueden usufructuar de otros contenidos educativos que el corset escolar les impide disfrutar.

            Ahora bien, todas estas dificultades nos posicionan en la obligación de meditar todos los matices o facetas educativas. Recordemos que la escuela es un medio de transmisión de conocimientos que solo abarca entre tres y cuatro siglos de la historia de la humanidad, por lo cual deducimos que educar no es necesariamente escolarizar y tal conclusión nos conduce a que debemos pensar nuevos formas de educar. Por supuesto que la escuela debe ser tenida en cuenta, pero como una parte más de un todo en el que la misma no sea quien monopoliza la enseñanza de saberes. Es absurdo querer mantener a la escuela en el centro dominante y exclusivo de la educación cuando la  realidad cotidiana nos pone delante de nuestra vista que enseñar y aprender ya circula por otros espacios extraescolares.        

            En ese horizonte de nuevos paradigmas, no tenemos que entender que esta experiencia de “la escuela en casa” puede servir como un experimento social en el que la emergencia nos situó, puesto que está viciado en su origen y en consecuencia es falso.

           En este terreno desafiante hacia el futuro, surgen buenas oportunidades para ir definiendo un nuevo sistema, más desinstitucionalizado de la escuela, incorporando las múltiples modalidades de educación no formal e informal, integrando la alfabetización digital en la formación docente e incorporarla de inmediato al aprendizaje de los alumnos. Es una buena ocasión para aprender qué tipo de tecnologías son funcionales y cómo se las puede utilizar en el futuro interactuando las escuelas y los hogares. Con todo ello, más otros dispositivos que pueden introducirse, estaríamos nutriendo un aprendizaje colaborativo.

          A fin que esas ideas se puedan ir materializando, avalo el proyecto de suspensión del art. 109 de la ley  26.206 de educación nacional, impulsado por el diputado José Riccardo, acompañado por pocos diputados de distintos espacios políticos. Se propone la suspensión por dos años de las disposiciones del citado artículo en cuanto refiere que la educación a distancia se limita solo a mayores de 18 años de edad. En reemplazo se elaboraría una regulación, basándose en las recomendaciones técnicas que formule cada jurisdicción según las experiencias y resultados recogidos durante el período que se implante la educación a distancia. Tal medida sería una señal que sirva de punto de partida para que la educación vaya integrando definitivamente las variantes educativas formales, no formales e informales.

            Asimismo debemos ir tratando la modificación de las gestiones administrativa y pedagógica, descentralizando las mismas en cabeza de las direcciones de escuelas. Al respecto podrían analizarse las escuelas charter o por voucher, o al menos empoderar a los directores de escuelas para que planifiquen tales gestiones con autonomía. 

             Con estos nuevos patrones estaríamos desarrollando una educación no estandarizada, no exclusivamente áulica, atenta a los cambios permanentes del mundo globalizado. Estaríamos atravesando cercos con los que hoy nos blinda el vetusto sistema; éste debe adaptarse al individuo, no a la inversa. Somos los individuos el eje  y núcleo del aprendizaje, para dicho fin debemos tener la firme voluntad de ir en camino hacia una educación personalizada que libre batalla a la frustrante carga de los alumnos que se los trate “a todos como si fueran uno y a uno como si fueran todos”.

             En múltiples momentos los argentinos afirmamos retóricamente que la innovación es clave para el progreso, pero no hemos puesto el marco educativo adecuado para cultivarla. Con el sistema imperante es imposible. La innovación emerge de la libertad creadora, en consecuencia no perdamos la oportunidad de establecer nuevos paradigmas, cambiando la normativa reinante que solamente está obstaculizando nuestro progreso.

           La triste y angustiante pandemia nos brinda paradójicamente una coyuntura para pensar, actualizando la educación. No perdamos el tiempo, es más tarde de lo que imaginamos para nuestros infantiles y adolescentes. Ellos lo agradecerán.