La política exterior Argentina y la necesidad de objetivos claros

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Por: Mg. Pablo Benítez Jaccod

Los acontecimientos recientes en los cuales la Argentina intempestivamente decidió apartarse de las negociaciones en curso realizados por el bloque del Mercosur con Canadá, Corea y Singapur implica un grave retroceso a lo realizado recientemente en pos de la inserción internacional. El año pasado tuve la posibilidad de participar como integrante por Progreso y Libertad, de la Red Federal de Políticas Publicas, en el desayuno titulado “Argentina perspectivas globales” en el cual expusieron el Canciller Jorge Faurie y el Dr. Ricardo López Murphy. Siendo la política exterior materia fundamental en la búsqueda del desarrollo económico, es saludable clarificar ante la sociedad su mandato constitucional, sus criterios y objetivos. Es por eso que decidí tomar los conceptos troncales expresados por el Dr. López Murphy, complementarlos y trasladarlos en esta columna de opinión.

Nuestros padres fundadores, a través del Art 27 de la Constitución Nacional, colocaron como criterio central de la política exterior la defensa del interés nacional. Alberdi marcaba los lineamientos y objetivos centrales de la política exterior, a la que consideraba la llave de riqueza y prosperidad, para vencer el desierto, el atraso material y la pobreza. “El objeto de la política exterior consiste en las reglas, en la legislación, en los actos dirigidos a desarrollar y agrandar más la afluencia de los capitales, de las poblaciones, del comercio, hacia los países nacientes y despoblados de la América del Sur”. Es decir que el criterio de interés nacional en política exterior, es el equivalente al principio de supervivencia humana, derrotar el desierto y a la barbarie hace a nuestra supervivencia como nación.

A su vez, se comprendía la necesidad de dotar a este principio de una base económica sólida a través de tratados comerciales, era la única forma de que no se transforme en un compendio de nobles intenciones retoricas. En la posguerra, el ritmo del intercambio comercial internacional se aceleró de una forma sin precedentes. Tomando la evolución de los acuerdos comerciales bilaterales y regionales vigentes, desde la fundación del GATT (1958) y luego en su sucesora la OMC, el número asciende a 296, el comercio mundial de institucionalizo. La Argentina, salvo del Mercosur, no participa de ningún acuerdo de relevancia. Nuestras exportaciones representan el 14,4% de nuestro PIB. En América Latina y el Caribe ese ratio es de 23%, en los países de la OCDE fue de 28,8% y en los países de ingreso medio (como la Argentina) es del 25%. Junto al Mercosur, tenemos acuerdos comerciales preferenciales con países que solo representan el 10% de la economía mundial, lejos del 50% que exhiben países como Colombia, Perú o México. Nuestro vecino Chile ha firmado 28 acuerdos comerciales que representan el 87,7% del PIB
mundial. La participación de las exportaciones Argentina sobre el total de las mundiales languideció fuertemente, en 1950 representaban un 2,26%, en 1973 un 0,64% y en 1990 quedaron relegados a valores cercanos a los actuales, un 0,4%. Hemos estado a espaldas de este fenómeno comercial.

Otro criterio central es poseer buenas relaciones con los vecinos, el clima de cordialidad que vivimos implico una dura construcción. Recordemos que la Argentina estuvo a punto de ir a la guerra con Chile en 1978 y protagonizo con Brasil una pugna geopolítica por el uso de las cuencas hídricas del Plata y otra de perfil armamentística. Durante las décadas del 60 y 70 se temía entrar en una carrera atómica con Brasil como la que tuvieron India y Paquistán. Argentina en aquellas décadas, se rehusó a firmar el Tratado de No Proliferación y se negó a ratificar el Tratado de Tlatelolco para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina. Desde el retorno de la democracia lo que prevaleció fue un clima de cooperación y concordia superador.

En el 2019, el diplomático argentino Rafael Grossi fue designado director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), llegando a esta instancia con el apoyo del Gobierno de Brasil, su socio estratégico y con quien desde hace 25 conforman la Agencia Brasileño-Argentina de Control de Materiales Nucleares.

A futuro, pensar en un entendimiento Mercosur- NAFTA, optimizaría una relación de ancla a la competitividad, confianza y amistad con nuestros vecinos del norte. La reciente decisión nos pone en un gris ante nuestros socios regionales a la hora participar de posibles negociaciones tan transcendentales.

El cuarto criterio de la política exterior es comprender que el orden liberal de la posguerra fue el que permitió el más grande progreso de la humanidad a todos los países del mundo, pero sobre todo a los países más rezagados. La maximización de las oportunidades y la defensa de nuestros intereses implica comprender que somos un país pequeño, y que nada nos hace más daño que guiarnos por pasiones locales de espíritu autárquico. Por nuestro historial negativo, nada nos conviene más que ajustarnos a la ley, a los tratados, a los contratos. El tratado con la Unión Europea y los futuros acuerdos comerciales, buscan blindar nuestros actos de aquí a futuro, de nuestra crónica tendencia a repudiar los acuerdos.

El MERCOSUR solo funcionara bien si respetamos y honramos para lo que fue creado, la búsqueda de más tratados comerciales y no el empantanamiento de su funcionamiento con excusas de política interna. El mundo volverá a ser favorable en algún momento, la normalización de la macroeconomía, insumo decisivo de la política exterior, debe tener como sostén la búsqueda de más mercados para exportaciones, la idea de que vamos a crecer endeudándonos o a través de cepos y retenciones debe ser eliminada. La historia de política exterior Argentina nos ha mostrado claramente lo ocurrido cuando intentamos cerrarnos al mundo y nos respetar las reglas de la comunidad internacional, colocarnos a espaldas de nuestras bases nos empobrecerá aún más.