La praxis Lockeana

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Por Marco Niveyro vía Fundación Club de la Libertad | 12 de septiembre 2020

Comenzaré con el concepto de Revolución. Y no voy a remitirme a la cuestión de la palabra en sí. Hablando en términos sencillos, una revolución contiene dos palabras: “RE” y “EVOLUCIÓN”. Es decir, volver a evolucionar, volver a empezar si se quiere.

Pero el punto de partida que quiero hacer desde el concepto de Revolución es, primero, ¿dónde surge? Originalmente viene de la Astronomía (1543); el primero en utilizarlo fue Copérnico en una obra donde él habla de la “Revolution ibus Orbium” conceptos que vienen del Latín. ¿A qué se refiere el concepto de Revolución en este contexto? Se refiere al movimiento circular y recurrente de los astros. Se refiere a la idea de que hay un ciclo y que los cuerpos celestes se mueven en ese orden y vuelven siempre al mismo punto de partida. Tiempo después este concepto se introduce en el campo de la política para referirse a transformaciones o alteraciones, en las situaciones políticas y en el contexto, que lo que buscan es volver a un estado original de cosas.

El mejor ejemplo, y este es el que más lo populariza, es el de la Revolución Gloriosa de 1688 en Inglaterra, que consistió en una rebelión de los nobles que habían sido perseguidos por Jacobo II. Este rey buscaba violentar las propiedades de los nobles y también había buscado consolidar su absolutismo. Además tenía la intención de abrirle las puertas al catolicismo, algo que en esa época, en Inglaterra, para las mayorías protestantes y entre los nobles, era algo intolerable. En rigor sucede que el rey termina abdicando, le ofrecen a William de Orange que se case con María II, hija del rey, pero en la medida en que acepte un Bill of Rights, una carta de derechos, que lo que hace es reafirmar los límites del poder soberano y éste se considera el origen de la monarquía constitucional parlamentaria en Inglaterra. Se asume que desde ahí parte la historia moderna de los límites al poder del rey de manera más clara, y el Parlamento asume un rol mucho más decisivo en los asuntos del país.

Ahora bien, ¿qué es lo interesante en el concepto de revolución? En este contexto, si observamos lo que dice la carta de derechos en sus últimas líneas: “En estas circunstancias […] declaran, en primer lugar, como han hecho en casos semejantes sus antepasados, para defender y asegurar sus antiguos derechos y libertades”

La Declaración de Derechos de 1689 se basó en las ideas de Locke, padre del liberalismo moderno. Locke señala que la propiedad, la vida, la libertad y el derecho a la felicidad son derechos naturales de los hombres, anteriores a la constitución de la sociedad. Luego, el Estado tiene como misión principal proteger esos derechos y las libertades individuales. Locke postula también que los hombres viven en el estado de naturaleza en paz y sometidos a leyes naturales que surgen de la razón. Se sale del estado de naturaleza a través del pacto social, porque no existe allí justicia imparcial que asegure los derechos naturales. La autoridad se sostiene en tanto asegure los derechos naturales que el individuo buscó proteger al entrar en la sociedad. 

La Declaración concedió libertad religiosa, reforzó la independencia judicial, estableció un nuevo equilibrio de poder entre el rey y el parlamento, hizo de la Cámara de los Comunes la primera institución del Estado, abolió la censura y estableció la libertad de imprenta (de expresión).

Esta revolución que se llamó Gloriosa, porque no hubo prácticamente derramamiento de sangre, se consideró de todas maneras una revolución, porque se restauraba el orden de derechos que históricamente traían los ciudadanos; los nobles en este caso, aristócratas, porque no estamos hablando de una democracia como las que conocemos hoy día. Pero significó un paso importante en la historia de la protección de los derechos individuales. Inglaterra ya había tenido la “Carta Magna” en la Edad Media, en el año 1.215; al hermano menor de Ricardo Corazón de León, al famoso rey Juan sin Tierra, los nobles se le habían levantado por una suba de impuestos y le hicieron firmar una carta para que este rey les respetase sus derechos y propiedades. Es un poco el contexto de la leyenda de Robin Longstraid, más conocido como Robin Hood, el héroe igualitarista socialistoide, que a la izquierda le encanta citar, que en realidad le robaba al recaudador de impuestos así que tiene mucho más de liberal que de socialista.

Entonces tengamos presente que la revolución, en este contexto, indica el retorno a un origen. Es la lógica de la Astronomía, pero en materia política.

Niveyro Marco.
Coordinador equipo de Homenajes.
Club de la Libertad