¿Un lobo Fascista disfrazado de oveja Derechista?

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Artículo de Bernardo Congote Ochoa vía Federalismo y Libertad | 14 de septiembre 2020

Va creciendo el consenso sobre el carácter fascista del Centro Democrático. Londoño, Dussan y Gómez Pinilla se acaban de sumar a quienes venimos argumentando sobre este fenómeno desde hace algunos meses.

Durante los años en que hizo política en Antioquia, Uribe habría tenido, entre otras, acciones directas en la masacre de Ituango (El Aro) e indirectas en la conformación del grupo de limpieza social no en vano apellidado “Los doce apóstoles”.

Ambos hechos serían la punta del iceberg. La licencia uribista para crear las cooperativas de auto defensa, paradójicamente llamadas “Convivir”, abrió el espacio para que la sociedad civil, al peor estilo del nacismo en los años 30, se armara para imponer su propia idea de ley y orden.

Haciéndose elegir presidente en 2002, el por entonces impune azuzador de la violencia política llegó a la Casa de Nariño disfrazado como disidente del Partido Liberal. A partir de allí sembró las semillas que pretenden socavar las instituciones en beneficio de su caudillismo narcisista.

Derrotadas constitucionalmente sus pretensiones para hacerse “presidente eterno”, salió de la Casa de Nariño en 2010 y dio un salto hacia el Congreso donde, paso a paso, ha logrado cooptar minorías liberal conservadoras, siguiendo pautas trazadas por el monopolio familiar que manipula electores en la Costa Atlántica.

Todo proyecto fascista protege a los monopolios. De modo que tampoco extraña la forma como el diario El Tiempo, propiedad de Sarmiento, se ha hecho vocero incondicional del proyecto fascista que le ha favorecido con multimillonarios contratos.

No es aventurado afirmar, por tanto, que el monopolio sea la expresión económica más pura del fascismo, mientras que la dictadura sea su expresión política.

La dictadura parasita de las instituciones democráticas aparentando propósitos patrióticos, igualitaristas o pacifistas, con lo que a la hora de la verdad terminamos sin patria, desiguales o muertos.

Todo porque sus objetivos benefician a los monopolios (financiero, azucarero, automovilista, palmicultor, ganadero, comercial) mientras en paralelo  sus actos de gobierno atizan el fuego de la guerra (mediante la banda de “Los Trizas”).

El problema de fondo consiste en que a un proyecto fascista se le trate como a un rebaño de ovejas que siguen a una salvífica “extrema derecha”.

Pasados más de 20 años tenemos claro que sólo una agilidad táctica de la secta democrática la llevó a bautizarse como centro-demócrata. Artilugio que en el Congreso o en el Poder Ejecutivo ha disfrazado su autoritarismo fascista como caprichos de extrema derecha.

Ni más ni menos, estaríamos cayendo en una trampa similar a la que les tendió Hitler a los alemanes.

” El nacionalsocialismo llegó al gobierno por medios legales, fiel a la norma que Hitler proclamara desde la oposición: ‘El camino del Poder nos lo señala la ley’. Bien ganado tiene por eso el galardón de haber batido en trece años de lucha a sus adversarios políticos en el campo de las lides democráticas”.

Y tómese nota específica de que Hitler tenía por cierto que:

“… (la nacionalización de las masas) sólo es posible por obra de un criterio intolerante y fanáticamente parcial en cuanto a la finalidad perseguida.”

“El nuevo movimiento es antiparlamentario… rechaza el principio de decisión por mayoría, principio que degrada al Führer a la condición de simple ejecutor de la voluntad y la opinión de los demás.”


Congótica. En Colombia llevamos más de 20 años yendo por lana y saliendo trasquilados por el lobo feroz. ¡No hay derecho!

Congótica 2. El tono de seminarista arrepentido del mayordomo del ubérrimo, ahora preso, ahora vomita lenguas de fuego que no respetan pinta en los poderes Ejecutivo, Legislativo o Judicial. Ni tampoco respeta a los ciudadanos.

Congótica 3. El famoso “Estado de Opinión” de nuestro pequeño Führer, se está revelando como uno cuya única opinión sea la del dictador y sus conmilitones (“Los Trizas”).

Congótica 4. Los defensores de la Patria ahora pagan mercenarios en Estados Unidos (¿c0on nuestros impuestos?) para ensuciarla (¡Vivir para contarlo!).